• martes, 7 de mayo de 2019

- LOS ORÍGENES DE GPM -

Corría el año 1951 y nuestro actual presidente, Ernesto González, de la mano de su padre, entra por primera vez cuando tiene solo 14 años. Y en 1987, cuando ya era jefe de otro despacho de un agente de bolsa, es cuando ya se decide a fundar Gestión de Patrimonios Mobiliarios (GPM), miembro de la Bolsa de Madrid. Así que para nadie era un recién llegado al parqué... Y ya nunca saldrá… ni siquiera ahora que ya no se va al parqué físicamente como tal, pues todos los días, y ya con sus 84 años, sigue viniendo a su oficina para despachar con el equipo y ver cómo va todo. Cómo él nos dice, no puede dejar de venir a ver cómo va el negocio de toda su vida.

Siempre ha sido un gran enamorado de su trabajo, de este sector, donde ha hecho grandes y buenos amigos dentro de él. Donde ha traído y formado a su propia familia. A este sector le ha dedicado toda su vida y esfuerzos, logrando que lo que en un principio era solo un pequeño despacho de bolsa, hoy sea una de las principales sociedades de bolsa independientes del país.

Recientemente GPM ha pasado la barrera de los cincuenta empleados, pero, cuanta gente ha pasado por sus ojos… desde los primeros colaboradores que se vinieron con él a trabajar desde otros despachos hasta los últimos empleados recién incorporados… Muchos operadores, administrativos, riesgos, comerciales, etc. Recuerda gente que nos ha dejado, pero también como gente que llegó hace tiempo ha ido creando sus familias, haciendo que todos se sientan como una gran familia, que es lo que es GPM. Y eso no es siempre fácil de conseguir en una empresa que ya lleva más de treinta años. Y menos en este duro sector.

También sus ojos han visto pasar distintas oficinas. La primera sede, en la calle Martínez Campos, 49, donde estuvieron unos doce años. La segunda, donde pasaron otros doce, en la calle Miguel Ángel,16. La siguiente en Fernández de la Hoz, 64, donde se han pasado otros ocho años para llegar ya hace un año a las nuevas oficinas de Profesor Waksman, 14 (oficinas a las que están todos ustedes invitados para pasar a concoernos).

Ernesto recuerda, no sin cierto brillo en sus ojos, con cariño a muchos de los empleados que pasaron por su despacho. Y como juntos lograron siempre vencer las dificultades. Dificultades que dice, en este sector, nunca acaban, siempre está. “Es el precio de ser independiente”, añade con serenidad.

Finalmente le preguntamos si ha disfrutado durante todos estos años y dice tajante: “¡Mucho! Me he divertido muchísimo. Por eso vengo todos los días por el despacho”.